Firma: FIRMADO EN LA BASE: "S"
Exposiciones: 2002 Arte en España 1977-2002, Sala Manege, Moscú
Comentario: Dedicada en un principio a la pintura, Susana Solano decide abordar la escultura algo tardíamente, pero con una gran riqueza poética e inventiva que proyectan su obra internacionalmente en pocos años. De unas primeras piezas de principios de los ochenta, pasó Susana Solano a un planteamiento de lo escultórico no como objeto tridimensional, sino como espacio y forma abierta, permeable y de dimensiones progresivamente más grandes. Su trabajo se desarrolla según un proceso intuitivo de descubrimiento de la forma, de sorpresa ante lo que desvela a través de la manipulación del material, muchas veces según procedimientos artesanales. En sus obras de mediados de la década, como esta que comentamos, es frecuente el uso de estructuras de hierro y malla metálica recubierta de escayola total o parcialmente. Como en Colinas huecas, o Pedrís, la contraposición de la rigidez del hierro con la blandura informe del yeso evoca construcciones rústicas en las que se aprecia una huella humana, lugar cálido e irregular, pero susceptible de ser compartido y habitado. Esta pieza corresponde a la serie de lunas que plantean el espacio cóncavo. Esta forma, entre lo arquitectónico y lo orgánico, corporal, había aparecido ya en forma de depósitos, receptáculos o en la cavidad ventral en negativo de su Maternitat de 1982. En esta luna el espacio interior abovedado es accesible mediante la apertura de uno de sus gajos, de forma que se nos posibilita la percepción de su interior y del exterior al mismo tiempo. Más que una escultura, es un ámbito, y recuerda la metáfora de Mario Merz respecto a sus iglús: "un paisaje apoyado en el suelo".
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