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Carlos Alcolea
Borrachos 2
1979 - 1980
Pintura / Acrílico sobre lienzo
Colección permanente
Nuevas figuraciones/Sala 7
Medidas:220x220 cm (Díptico)

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Exposiciones:
1980 Carlos Alcolea, M.E.A.C., Madrid / 1980 Madrid, D. F., Museo Municipal, Madrid / 1981 ¿Ojo?, ¡Ojo!, Gal. Juana de Aizpuru, Sevilla / 1981-82 Otras figuraciones, Fund. Caja de Pensiones, Madrid / 1992 Arte en España 1965-1990. C.A.C., Museo Rufino Tamayo, México D. F., y Museo de Arte Moderno, Bogotá / 1993 10 Pintores - 10 Escultores en los ochenta. C.A.C., Pabellón Mudéjar, Sevilla y Estación Marítima, La Coruña / 1995 11 Pintores-10 Escultores en los ochenta, Sala Rekalde, Bilbao / 1996-1997 Figuraciones madrileñas años 70 en la C.A.C., Casa da Parra, Santiago de Compostela, Museo de Navarra, Pamplona, Museo de Teruel, Iglesia de San Esteban, Murcia / 1998 Carlos Alcolea, M.N.C.A.R.S., Madrid y Centro Galego de Arte Contemporánea, Santiago de Compostela / 2002 Arte en España 1977-2002, Sala Manege, Moscú


Comentario:
Este cuadro, segunda versión del tema, surge en un momento de inflexión en la trayectoria de Alcolea que, aunque dado a un cierto retraimiento expositivo y a la elaboración lenta de sus obras, empieza entonces a ser reconocido. Su sentido del color se hace más radical, congelado. La imagen delimita su forma con una técnica fría, siendo todavía perceptible el eco del pop británico. Mantiene una clara tensión entre el distanciamiento, la pasión y la ironía, y no es tampoco ajeno a la sutil trama del psicoanálisis. El cuadro se fracciona en dos en apariencia muy distintos, interrumpiendo la unidad espacio-figura, y dispersando a propósito sus posibles claves semánticas, según lo que Angel González denominó entonces "pintura-laberinto". El nadador de la izquierda alude al tema del agua y la piscina: a essa entidad de lo húmedo, lo que supura o exuda, y que para Alcolea posee la clave de la propia pintura. El agua quieta hacia la que el nadador-Narciso se va deslizando se desborda, violenta, en la parte derecha. Ya señalaba Angel González que en este cuadro se percibe un retorno a ciertas claves naturalistas frente a los espacios ilusorios, oníricos y heterogéneos anteriores. Sin embargo, lo naturalista sólo se cuela de refilón en una leve referencia a Los borrachos de Velázquez, uno de los pintores preferidos de Alcolea. Por lo demás, aparte del título-homenaje, el pintor establece aquí un juego que no es narrativo, sino finamente conceptual.

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