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La actividad surgió como presentación del museo y sus programas educativos al público familiar. Su objetivo era vincular el museo y la ciudad. Con ese motivo se diseñó un recorrido que analizaba el fenómeno urbano y combinaba la visita en salas con una actividad plástica en la que cada familia recreaba su ciudad ideal.
Comenzaba con la presentación del espacio, seguido de un diálogo acerca de qué significa vivir en una ciudad, qué cosas nos ofrece y qué importancia tenía para su vida cultural y planes de ocio la inauguración de un museo nuevo en su ciudad. La visita en salas se centró en seis cuadros en los que fuimos descubriendo elementos de la ciudad. Cada uno nos acercó a aspectos diferentes; el movimiento de sus calles, su carácter constructivo, el misterio de la noche, la evocación de su color y luz o las contradicciones de la ciudad actual. Cada artista había utilizado lenguajes artísticos diferentes según el momento en que habían sido creadas o a su vivencia de la ciudad. Los niños eran los primeros que contaban sus impresiones acerca de lo que veían. Los padres relataban, en los casos de ciudades que ellos conocían, la impresión o experiencia de esa ciudad, que podía coincidir o no con la del pintor.
Por último se realizó una actividad plástica en el taller cuyo planteamiento era la idea de ciudad, su diseño, crecimiento y posibles modificaciones. Cada familia recreaba la ciudad en la cual les gustaría vivir combinando sellos de seis formas geométricas empapados en témperas de diferentes colores, que estampaban sobre una superficie de papel continuo blanco. El resultado de cada taller eran ciudades multicolores de papel que recorrían los pasillos del claustro convirtiendo el suelo en un mosaico de formas y colores.
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